Es el año 1925. Tiempos difíciles para la sociedad anónima Sanitaria. El fabricante de equipos médicos con sede en Ludwigsburg lucha contra las secuelas de la inflación, la escasez de materias primas y la pérdida de todos los mercados internacionales tras la guerra.
Pero un encuentro lo cambia todo. Durante un viaje en tren a Ludwigsburg, un miembro del consejo de administración de Sanitaria coincide con el directivo de otra empresa. Entablan conversación: también la empresa Lechler, especializada en pinturas y barni ces, tiene un problema. Lo que necesitan es un socio con experiencia en la pulverización de materiales líquidos.
¿Herramientas de pintura? Eso era algo que Sanitaria nunca había hecho antes.
Aun así, decidieron dar el paso. Al fin y al cabo, contaban con los conocimientos necesarios para pulverizar materiales líquidos:
nació la primera pistola de pintura de la empresa. El resto es una historia que suma ya cien años.